Tribu Huni Kuin

La tribu de los Huni Kuin (huni “hombre”, kuin, “verdadero”) se extiende desde las faldas de los Andes peruanos hasta fronteras brasileñas, en los estados de Acre y Sur de Amazonas, abarcando el área del Alto Juruá, Purus y el valle del Javari.

Su lengua materna es el Hatxa kuin, “la lengua de la verdad”, aunque prácticamente todos son bilingües (castellano y portugués, según el país). Esta tribu se reparte en pequeñas comunidades o aldeas que han permanecido aisladas hasta 1946 en la selva virgen, lejos de los ríos que navegaban los mercaderes. En las últimas décadas han experimentado un gran cambio tanto a nivel de éxodo interno (muchas poblaciones peruanas se han trasladado al lado brasileño), como en su modo de vida.

Los Huni Kuin son también llamados cashinahuá (o kaxinawá), quizás por su habilidad de moverse en la noche en la espesura selvática, pues kaxi quiere decir “murciélago” en Hatsa kuin.

huni kuin kaxinaxa

Estructura social y Cosmovisión

El ecosistema en el que viven los Huni Kuin (o Kaxinawá) se divide en tres áreas bien marcadas. Por una parte está el poblado, formado por casas unifamiliares que se elevan sobre pilares, y malokas, espacios comunes techados pero abiertos, sin paredes. Todas las construcciones están íntegramente fabricadas con materiales de la selva. Al lado de las casas, están las chacras, zonas cultivadas. Después nos encontramos con un área de la selva aún con bastante presencia humana con caminos abiertos. Por último, está la selva profunda, la selva virgen más grande del mundo, en la que tan difícil resulta adentrarse. Si un poblado emigra a otras tierras y abandona la aldea, ésta será comida por la selva, y desaparecerá por completo bajo su espeso manto verde en un máximo de cinco años.

La vida social de los Huni Kuin está altamente marcada por su sexo. El hombre es el depredador, el cazador, es quien trae la carne y la materia prima de la selva. Él es el nómada, el intrépido que se aventura en la espesura de la selva. La mujer es quien transforma lo que el hombre trae del exterior y lo convierte para su uso interior. Es quien se encarga de las artesanías, de la recolección de vegetales, de la cocina de los alimentos, de la crianza de los niños. El hombre es el encargado de construir la casa y la mujer de adornarla y cuidarla. El hombre es quien prepara y siembra la chacra y la mujer quien se encarga de sus cuidados y de la recolección de los alimentos. La mujer, en principio, no se adentra nunca en la selva virgen.

Sin embargo, aunque sus tareas están separadas en el plano material y práctico de la vida, tanto hombres como mujeres están muy unidos en el nivel espiritual de todas estas tareas. Se trata de una organización muy dual, pero ninguna de las partes se superpone a la otra, ninguna está subyugada, las dos forman parte del uno, del todo.

No existe la ceremonia del casamiento entre sus ritos. La unión de una pareja se consagra cuando el joven prepara la chacra para su enamorada. Aunque los padres intervienen por sus propios intereses en estas uniones, no pueden obligar a los jóvenes a estar juntos en contra de la voluntad de alguno de ellos. Existen, sin embargo, muchas ceremonias que se cumplen metódicamente, como la de la fertilidad, o como la del paso de la niñez a la vida adulta.

Los Huni Kuin no tienen una palabra para denominar a la humanidad, o al ser humano. Distinguen, por una parte, al kuin (ellos mismos) y por otra al bemakia (“el  otro, los otros”). Los Huni bemakia son para ellos tanto los incas como los blancos. Existe un grupo intermedio entre unos y otros, que son los Huni kayabi, indígenas de su mismo grupo lingüístico, Pano. Entonces, para decir “toda la humanidad”, los Huni Kuin dirían dasibi huni inun betsa betsapa, lo que podríamos traducir por “todos nosotros y los demás que son diferentes”.

En su cosmovisión imaginan una colina que representa el mundo. En su cima está el centro y de ella nacen todos los ríos que se alargan hasta no dejar ver su otra orilla. En la parte baja vive una tarántula dueña del frío y de la muerte. El cielo se extiende por debajo de la tierra hasta unirse en el horizonte. Los Huni Kuin se imaginan viviendo en la cima de la colina, mientras que los incas y los blancos, los huni bemakia, viven abajo. Actualmente se encuentran ambos en posiciones más cercanas, pues los huni kuin han bajado de la cima y los blancos han logrado cruzar los serpentinos ríos gracias a la ayuda de un gran cocodrilo.

Historia

Los Huni Kuin (o Kaxinawá) se enfrentaron con fuerza a los violentos asaltos de los caucheros a principios del siglo XX, y no mantuvieron relaciones de paz con el hombre blanco hasta los años cincuenta. Entonces, los Huni Kuin empezaron a mantener una relación de economía de intercambio con la sociedad no indígena de Brasil y Perú. Los Kaxinawá, grandes cazadores, conseguían pieles, plumas y semillas a cambio de utensilios manufacturados. Con el tiempo, dejaron de utilizar sus flechas y comenzaron a usar rifles para la caza, por lo que dependían de los cartuchos que los colonos les vendían. Los Huni Kuin perdieron así su autonomía de caza, pues las nuevas generaciones no se instruyeron en la realización de flechas ni en el aprendizaje de la caza tradicional. Cuando los precios de los cartuchos dejaron de ser rentables para la tribu, empezaron a dedicarse a la ganadería bobina y porcina, lo que cambió drásticamente su forma de vida.

En 1951, la llegada del cineasta y antropólogo Schultz, trajo consigo una epidemia de Sarampión que mermó a la población indígena acabando con el 80% de los Huni Kuin.

Chamanismo

Para los Huni Kuin la persona está hecha de carne (o cuerpo) y Yuxin, palabra que podríamos traducir por “la capacidad de establecer comunicación con los animales y plantas de la selva”. Así mismo, tanto los animales como las plantas tienen un lado del cuerpo y un lado Yuxin.

La tribu afirma que los verdaderos chamanes, los mukaya, murieron. Ellos tenían dentro de sí la sustancia amarga y chamánica llamada muka, para comunicarse con el lado invisible de la realidad, y no necesitaban ninguna sustancia externa para entrar en ese estado. En efecto parece que muchos murieron en los años cincuenta, durante la llamada “gripe de Schultz”, y parece que muchas aldeas han cortado su relación con el mundo chamánico. Algunas comunidades, sin embargo, siguen practicando otras formas de chamanismo consideradas menos poderosas pero también eficientes.

El uso de la ayahuasca, un privilegio del chamán en muchos grupos amazónicos, es una práctica colectiva entre los huni kuin, experimentada por todos los hombres adultos y adolescentes que desean ver «el mundo de la ayahuasca».

La primera señal de que alguien puede ser un chamán, y desarrollar una relación con el mundo del yuxin, es el fracaso en la caza. El chamán desarrolla una gran familiaridad con el mundo animal y al empatizar con ellos y verlos como sus semejantes, ya no puede matarlos. Por lo tanto, el chamán no come carne.

Para los Huni Kuin, hay varias formas de iniciarse en el chamanismo.  Algunas resultan de una búsqueda deliberada por parte del aprendiz, y otras ocurren espontáneamente debido a la iniciativa del yuxin. La presencia de la muka en el corazón del aprendiz, es condición imprescindible para cualquier ejercicio del poder chamánico, que depende en última instancia de la voluntad del yuxin.

La especialidad de huni dauya (“hombre con un remedio dulce”, yerbero) no suele combinarse con la del huni mukaya (chamán). El proceso de aprender del yerbero es muy diferente al del chamán. A menos que trate con hojas venenosas, el yerbero no está sujeto al ayuno y puede realizar actividades normales de caza y matrimonios: Adquiere su conocimiento a través del aprendizaje con otro especialista y requiere una memoria y una percepción agudas.

Hoy en día la espiritualidad de los Huni Kuin (o Kaxinawá) resuena en todo el mundo. Esto comenzó hace una década, con la llegada de tres jóvenes líderes Huni Kuin a Río de Janeiro con la idea de hacer ceremonias fuera de su área natal por primera vez. Hoy en día muchos líderes viajan a los cinco continentes para ofrecer rituales.

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